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"BLASÓN"
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El níspero.

El níspero es el fruto del árbol, familia de las Rosáceas, denominado “nísperero” o níspero.


Fue hace más de dos mil años cuando marinos mercantes, procedentes de China, introdujeron el níspero en la península ibérica. Concretamente por el puerto de Sagunto (Valencia). Desde aquí se extendió por todo el Levante y Sudeste de España, encontrando el mejor hábitat para su propagación y desarrollo en zonas del litoral mediterráneo.


La primavera es el momento optimo de maduración de los nísperos y para elegirlos, estos deben cumplir unas normas de calidad básicas: estar enteros, con el color de la piel uniforme (anaranjada, amarillo o amarillo pálido), sanos, exentos de materias extrañas visibles y de olores raros, además no deben presentar zonas muy blandas al hacer una suave presión con los dedos.

Es importante que cuando compremos nísperos estos estén maduros con la carne firme y bien coloreada ya que de lo contrario, si están verdes e inmaduros, nos pueden provocar una indigestión.


Si vemos que están algo “inmaduros”, y aún así les compramos, un “truco” para que terminen de madurar en nuestra casa es envolverles en papel de aluminio y guardarles una hora en el congelador. Al día siguiente, los nísperos estarán listos para comer.


Una vez pasada la hora, o bien si hemos comprado la fruta madura, esta se ha de consumir lo antes posible, y hasta entonces se puede conservar en la parte menos fría del frigorífico.


En general, el contenido vitamínico del níspero es bastante bajo, y destaca, aunque en cantidades muy discretas, la pro-vitamina A y la tiamina. En cuanto a minerales, el níspero aporta cantidades apreciables de magnesio y calcio (de peor asimilación que el de los lácteos u otros alimentos ricos en este mineral), si bien, el mineral que más abunda en este tipo de fruta es el potasio.


Los nísperos destacan por su gran aporte de fibra, pectina principalmente, así como taninos, sustancias de acción astringente y numerosas sustancias aromáticas como los ácidos orgánicos (cítrico, málico y tartárico) que tiene en su pulpa, de los que dependen las diversas propiedades que se le atribuyen.


Están deliciosos al natural pero también puedes emplearles en tu cocina para elaborar confituras, salsas o como acompañamiento para cierto tipo de carnes.